CARTA III: SALIR DE UNA TARTA GIGANTE

CARTA III: SALIR DE UNA TARTA GIGANTE

Hace unos días cumplí los años biológicos (según dice el DNI), porque lo años emocionales en mí transcurren a diferente ritmo y ánimo. La única conclusión que saqué de ello, es que el pasado ancla, el futuro angustia, y en el presente sucede todo. Que los pequeños hábitos que construyas, cómo decidas hablarte, y la calidad de tus pensamientos, es lo más importante. Y por supuesto, tengo una firme intención de llegar a viejo siendo joven, y sospecho que para eso hace falta mucho humor. Uno de los trabajos más serios del mundo es el de payaso.

El amor y la actitud, son dos cosas que a la IA todavía le va a costar suplir. El problema de la sociedad es que tenemos emociones de Paleolítico, instituciones de la Edad Media, y una tecnología a la altura de Dioses.
En medio de todo este lío, imagino un mundo en el que la gente envuelve las joyas en papel de periódico como si fueran piezas de repuesto que guardar para siempre.

Muchas veces, la vida se gasta jadeando. Estamos tan ocupados, tenemos tanta prisa, que llegaremos tarde de todas formas. Todos tenemos un café-refugio, y si aún no es así, es importante encontrarlo. Que llegues allí, y con un vistazo, al otro lado de la barra ya sepan cómo están tus niveles de energía, y qué ponerte sin pedirlo. Eso también es hacer hogar.

Cuando era un niño, recuerdo que en los programas de televisión de los 90s, a veces, una persona salía por sorpresa de una tarta gigante. Me parecía espectacular, probablemente es algo que haga en mi próximo cumpleaños.

¿No deberíamos vivir así?
Piénsalo, donde te hacen infeliz, ahí siempre buscan gente.

Dimas S.