CARTA IV: LA RECETA

CARTA IV: LA RECETA
Si hacemos números, y asumimos como esperanza media de vida los 85 años, pasamos aproximadamente 25 años de nuestra vida durmiendo. No voy a sumar las horas en redes sociales, las horas extras de oficina, o las horas de plancha y colada, para no desmoralizar en exceso.
Esto para empezar arroja un resultado: el éxito no se mide por las cosas que puedes comprar, salvo que lo que estés comprando sea tiempo. El éxito se mide por el tiempo que tienes para desayunar cada día, o entrenar, leer y cultivarte sin tener que levantarte a las 5 a.m.
Y es que la riqueza sin independencia, no es más que otra forma peculiar de pobreza, y sino tomas riesgos, quizás acabes trabajando para alguien que sí los tomó. Si lo piensas, ya en el colegio, si te dicen que pintes dentro de un círculo, y te sales, te lo reprochan. ¿Cuántas carreras de futuros artesanos habrán terminado en ese momento?
Ya lo sé, no es fácil, nada es sencillo, en cuanto uno crece está obligado a ir de fracaso en fracaso sin perder el entusiasmo. Además, cinco minutos después de nacer, ya han decidido tu nombre, nacionalidad y otras cosas que no elegiste. Esas son tus cartas, pero tú juegas la partida, y un montón de rocas deja de serlo cuando alguien lo mira y ve en ello una futura catedral.
No hay receta, pero aquí va mi apuesta: un deporte, un hobby, un cóctel, muchos negocios, pocos amigos, y un solo amor.
Dimas S.