Si tuviéramos que resumir en un tráiler los últimos 200 años de la humanidad, podría decirse que vivíamos en comunidad y cooperación, hasta que echamos carbón en las fábricas y en los ferrocarriles, después Nietzsche mató a Dios y entonces apareció la codicia. Es por eso que tenemos el arte para no morir de la verdad.
Queremos más, y queremos menos, lo que no queremos todo el rato, es lo que siempre tenemos. Una contradicción constante como el sol y la luna, que se saludan pero no se tocan.
Piénsalo bien, el viento puede apagar una vela o iniciar un incendio.
A veces, si vas por barrios dentro de las ciudades grandes, o lo que viene a ser lo mismo, ciudades medianas, así como en los vestuarios de equipos pequeños, se intuyen mayores niveles de satisfacción, porque están permanentemente en el camino a la victoria, y no importa tanto si lo consiguen o no. Es como tener cosas en propiedad, te dan una posición en la sociedad, la cual a su vez te impide mantenerla.
No todos los desastres nos han venido bien, creo que el algoritmo que rige todo esto, también se equivoca a veces. Y que quizás debemos combatirlo con más Platón, y menos prozac.
Aprender a distinguir entre la travesía y la travesura.
Siempre hay un momento inoportuno para sentirse bien.
Dimas S.
¿Conoces ya a Isabella, Victoria, Ginebra y Catalina?