Estamos siempre inventando lo siguiente, sin tiempo para valorar lo que acaba de ser creado. Hasta una genialidad como el último disco de Rosalía, hace ruido dos semanas y se pierde en el cosmos del contenido digital, cual sonda Voyager.
Un helado en tarrina al caer la tarde en la plaza de siempre, la que no es comercial, pero todavía hay una mercería y un quiosco, y aún no han abierto un nuevo Matcha. Ahí es.
El solo de un violinista tocando frente al Four Seasons de Madrid, el acordeón en Montmartre, la voz que se rasga en Covent Garden, o el saxofón en mitad de Broadway.
Hay héroes sin capa por todas partes. La vida está gritando que levantemos la mirada a nuestro paso.
Tienes que tener paciencia cuando te estás convirtiendo en alguien que no has sido antes. Ya sé que está caro olvidar todo lo que nunca hicimos.
Pero mañana empieza la partida otra vez, y eso es ya lo único que importa.
Ese imán pegado a la nevera, que siempre nos recuerda a algo, ¿verdad?. Tus raíces te van a perseguir siempre, si quieres ser otra cosa, tienes que pagar el peaje.
Este truco no lo enseñan en los colegios:
Puedes quedarte a vivir en ese imán para siempre, o convertirte en el imán que alguien quiera pegar en su nevera un día.
Te toca mover ficha.
Escucha el Nocturne núm. 2 de Chopin, y seguro que pasan cosas…
Por cierto, así se llama uno de nuestros anillos que está arrasando.
ANILLO NOCTURNE
Dimas S.