Aquel café era precioso. Un refugio, una embajada, una cabaña del árbol, un salón con luz cálida, molduras y techos altos. Camila avanzó entre las mesas de desconocidos. Al fondo, un pianista improvisando melodías en sesión abierta. Pidió un café en taza grande, con canela, y leche de vaca, de la toda la vida. Ese día Camila se había vestido con intención de verse guapa.
El plan era pasar un par de horas allí, quizás pasara del café al vino, leería algunas páginas de la novela que recién compró en Celama, anotaría frases en su libreta, escucharía al pianista, y simplemente estaría en el momento presente, donde a veces no pasa nada, y otras veces, si prestas atención, puede pasar de todo. Saca su colorete y su pintalabios del bolso. No tiene prisa.
-Si alguien te diera una caja con todo lo que ya perdiste, ¿qué sería lo primero que buscarías?
- Si pudieras ir a cualquier lugar del mundo en este momento, ¿irías a un "dónde" o a un "alguien"?
- ¿Cuántos años tendrías si no supieras cuántos años tienes?
- Si pudieras, ¿borrarías tu peor recuerdo o revivirías el mejor?
- ¿Cuál es el mayor "y si..." que te atormenta?
- Si pudieras vivir para siempre, ¿vivirías?
- Si entraras en una sala con todas las personas que conociste en la vida, ¿a quién buscarías primero?
Guarda de nuevo sus cosas en el bolso, levanta la mirada. Lleva por lo menos diez minutos sola frente al espejo del baño.
Al salir, su café está listo, unas tres mesas de distancia desde el pianista. Al lado, a una mesa de distancia, un muchacho la mira pasar por delante de él, no se atreve a decirle a nada, vuelve la mirada hacia su libro y lee: ¿alguna vez has sentido que te extrañas a ti mismo?
No sabe qué contestarse, da un trago a su copa, y vuelve a mirar a Camila.
Camila le devuelve la mirada, y sonríe.
Dimas S.