Chloé acaba de mudarse a Aix en Provence, llevaba años dándole vueltas a la idea, un cambio, quemar las naves y convertirse en otra persona, cansada ya de los mensajes de autoayuda, decidió ponerse en marcha. "Se acabó matar el tiempo para que al final, un día él te mate a ti" se dijo. Los campos de lavanda, las pastillas de jabón provenzal, el olor a perfume de las fábricas de Grasse que parece transportarse por el aire en los alrededores. Aix es la ciudad de Cézanne, y bien parece que la ciudad está pintada por él.
Estaba decorando su pequeño apartamento, en Rue Chabrier, un primer piso con ventanales de madera azulada. "Necesito flores, algunos libros, una vajilla nueva, y quizás algún cuadro antiguo, de esos de bodegones, que venden en los sábados en el brocante del centro". Se puso unos vaqueros y una camisa blanca dos tallas mayor, no hacía falta maquillarse, eran recados, así que gafas negras grandes, y un coletero de florecillas. Unos mocasines, y cómo no, sus pendientes dorados con forma de eslabón partido, que reflejaba muy bien las cadenas que había decidido romper. Ya en el mercado, tras comprar hortensias y margaritas, algo cargada, se puso en búsqueda de su cuadro paseando por el brocante improvisado entre las calles del centro.
Le llamó la atención un bodegón formado por una pera, un racimo de uvas y un vaso duralex medio lleno, sobre un mantel de cuadros azules.
-Lo ha pintado Cézanne -sonríe el tendero-. Es broma, lo encontré en una vieja maison, pero bien podría haber sido él.
-Voy a pensar que así fue, ¿por qué no?, me encanta, me lo voy a llevar.
-Quedará perfecto en tu cocina nueva, bienvenida al barrio.
-¿Cómo sabes que soy nueva aquí?
-Si llevaras tiempo por aquí, ya me habría fijado. Mira esos pendientes, la elegancia puede ser silenciosa, no hace falta un superevento para sentirse bien cada día.
-Chloé sonríe-, merci, te voy a comprar el cuadro, con la condición de que me ayudes a llevarlo a casa, ¡tengo las manos llenas de macetas!
-Andando -dice el tendero mientras carga con el cuadro-, oye, si tuvieran que pintar un bodegón con objetos que hablaran de ti, ¿cuáles pondrías?
Chloé sintió en ese momento que sin riesgo, no hay historia. Empezaba a gustarle su nueva ciudad, siempre supo que esa luz tenía algo.
-Uhm, te lo cuento si almorzamos juntos -sonrie-.
-Anda mira que suerte, ahí está Le Petit Bistro.
Dimas S.
*Si te estás preguntando cuales eran esos pendientes...arriba los tienes