Son las 09:00 am, como cada mañana Victoria sale a su jardín para caminar descalza, absorber diez minutos de vitamina D gratis sin quemarse la piel, mientras se toma el primer café del día. Ese que sabe mejor que ninguno, el de "hoy empieza todo" otra vez. Sólo se oyen los pájaros y algún corta césped de los jardineros que a primera hora esculpen los setos de los alrededores.
"Hoy bajaré a la ciudad, me hago las uñas, me doy color y me corto 2cm el flequillo, recojo el arreglo de los pantalones que dejé la semana pasada en la mercería de Noviciado, paso a ojear los libros de In-verso en Augusto Figueroa, quizás compré alguna de esas novelas coreanas, y después quedaré con Clau y nos tomamos un bikini trufado en Los 33" se dice a sí misma.
Cuantas veces deseó tener un jardín como el que pisa, y de pronto, con temor a reconocerlo, encuentra una grieta en su día a día. Echa de menos la ciudad, salir a la calle en su portal de la calle San Lucas 6 y tenerlo todo a mano. Esa época en la que el ruido de las calles le tranquilizaba, frente al silencio algo inquietante de la urbanización. "No seas ingenua Victoria -se dice- puedes ir a la ciudad cuando quieras, la tienes ahí a mano. Ahora tienes lo mejor de cada estilo de vida". Tote-bag, shorts de adidas, gafas grandes y un pañuelo en la cabeza, toma el coche, pondrá un podcast para el camino, y ojalá, encuentre aparcamiento a la primera.
Tras completar toda su agenda y comer con Clau, Victoria se siente renovada, la energía de la ciudad se contagia, plan tras plan, como el que devora una serie en Netflix. Andaba paseando por Fernando VI con Hortaleza, cuando ve el logo de Calma Jewels en un balcón. Busca en instagram: "Tus joyas cuentan tu historia". "Voy a subir" -se dice-. Arriba, en Maison Calma, comienza a probarse joyitas, son impermeables y para el día a día, pegan para ir al gym o a una cena, vas igual de elegante. Se enamora de un anillo con una piedra roja en el centro, tanto que se lo queda en dorado y en plata. La tienda huele tan bien, es como estar en una casa.
-Me voy a ir yendo -comenta Victoria con una gran sonrisa- se ve guapa con sus nuevos anillos, quizás hasta se los ponga para su primer café de la mañana en el jardín.
-"Me voy a ir yendo" en la expresión más bonita de la lengua española, porque conjuga tres veces el verbo ir, de forma distinta -sonrisas y abrazo. Nos vemos pronto-
Victoria sale a la calle, compra un croissant en la Duquesita, las chicas de la mesa de al lado miran su anillo. Al cruzar un paso de cebra, un chico mira sus manos y luego sus ojos.
Siempre queremos lo que no tenemos. Y ese día, Victoria sólo necesitaba que la vieran.
Dimas S.